Ganaderia completamente organica.
1. Producción Orgánica de Ganado Bovino
El
acceso de los animales a condiciones que les permiten desarrollar un
comportamiento natural ha sido uno de los puntos importantes de los
pioneros y seguidores de la ganadería orgánica. La salud adecuada y el
bienestar de los animales son componentes elementales de ese sistema de
producción.
2. Bovinos para Carne
La
producción orgánica de carne basada en pastos naturales y otros
productos obtenidos bajo los mismos criterios, es decir, alimentos no
expuestos a fertilizantes artificiales y pesticidas químicos, debe de
ser más sostenible que la carne producida en los sistemas convencionales
(Kumm, 2002).
Fernández y Woodward (1999)
evaluaron el comportamiento de novillos para carne bajo diferentes
sistemas de producción, utilizando animales provenientes de un rancho
convencional o de un establecimiento tipo orgánico. Estos últimos, de
acuerdo con los estándares nacionales en los EEUU, no fueron tratados
con antibióticos ni desparasitantes sintéticos. En el grupo con manejo
convencional, los novillos se vacunaron, se desparasitaron, recibieron
anabólicos y consumieron aditivos en el suplemento alimenticio. Los
resultados en el comportamiento de los animales demostraron una menor
ganancia de peso y menor eficiencia alimenticia en los novillos
manejados bajo el sistema de ganadería orgánica.
Según
Woodward y Fernández (1999) el nivel bajo de energía en el alimento y
la proporción alta de forraje de la dieta en los sistemas orgánicos
pueden tener efecto negativo en la calidad de la canal. Sin embargo, en
otros trabajos se ha demostrado que utilizando pasturas de calidad, las
características de la canal pueden ser satisfactorias (von Borell y
Sørensen, 2004).
El parasitismo por nemátodos
es un problema de salud importante para los becerros. Dependiendo del
manejo que se tenga de las praderas, se han observado diferencias hasta
de 30kg menos en el peso vivo de becerros manejados en sistemas
orgánicos, en comparación con animales explotados en sistemas
convencionales en los que se aplican medicamentos de rutina para el
control de los parásitos señalados. Estos
problemas se han podido controlar por los productores orgánicos en
algunas regiones realizando el pastoreo durante periodos cortos
(Svensson et al., 2000) o bien mediante el pastoreo alternado con otras especies de ganado (Thamsborg et al., 1999).
3. Bovinos para Leche
La
producción de leche orgánica se basa generalmente en vacas de razas
lecheras con un alto potencial genético, al igual que en las granjas
convencionales. Por ejemplo, el promedio de producción
en 500 hatos de Dinamarca fue de ~7500kg de leche corregida por
contenido energético, resultando ~10% inferior a los niveles registrados
en hatos convencionales (Kristensen y Mogensen, 2000).
El
nivel de alimentación es, en general, menor en explotaciones bovinas
orgánicas comparadas con establos lecheros con un manejo tradicional. La producción de leche por vaca, consecuentemente es
menor en las primeras. Lund y Algers (2003) reportan promedios de
producción de leche por lactancia de 4784 y 6129kg en vacas explotadas
en condiciones orgánicas y convencionales, respectivamente, argumentando
que las diferencias no solamente se debieron al nivel de concentrado en
la ración alimenticia, sino que influyeron también otros factores como
la diferencia en la distribución de los partos en las distintas
estaciones del año, la edad de las vacas y su composición racial, con
una proporción más alta de razas indígenas en los sistemas orgánicos.
Las
vacas lecheras con un alto potencial de producción son nutricionalmente
susceptibles en el mantenimiento de la salud, en lo que se refiere a
desórdenes metabólicos y probablemente mastitis. Sin embargo, como lo
resume Sundrum (2001), no se han identificado mayores diferencias en
aspectos de salud entre los dos sistemas de producción.
Para
la producción de alimentos orgánicos como la leche, hasta hace poco
tiempo (Hermansen, 2003) con frecuencia se había recurrido al apoyo de
complementos de la dieta tales como algunas vitaminas. No obstante, la
tendencia reciente es hacia la producción de alimentos completamente
orgánicos. Lo anterior puede dificultar la habilidad o condiciones del
productor para proporcionar los nutrientes requeridos por las vacas para
mantener su salud y los niveles de producción. Ese conflicto se puede
exacerbar conforme las poblaciones de ganado lechero se sigan
seleccionando para incrementar la producción de leche. Como
consecuencia, habrá que considerar que los planes de mejoramiento
genético en granjas convencionales no siempre son los que operan de la
mejor forma en los establecimientos orgánicos. No obstante, debido a que
se evita la suplementación de alimentos concentrados producidos de
manera convencional, los animales no agotan su potencial genético para
producción de leche (Jakobsen y Hermansen, 2001).
Si
se considera la incidencia de enfermedades como un indicador de la
salud animal a nivel de hato, varios autores observaron una disminución
en la frecuencia de enfermedades metabólicas en granjas orgánicas,
comparadas con las convencionales (Ebbesvik y Loes, 1994). Ese descenso
es interpretado como un factor asociado a la reducción del nivel de
producción en las granjas orgánicas (Boehncke, 1997).
La
ganadería orgánica ha sido fuertemente criticada por profesionales del
ramo agropecuario, quienes consideran que bajo este sistema, con
frecuencia los animales enfermos no son tratados de la manera correcta
al seguir los estándares establecidos por la Federación Internacional de
Movimientos de Agricultura Orgánica (IFOAM) y debido a que se prefiere
la utilización de la medicina alternativa, incluyendo métodos no
reconocidos por la ciencia (Lund y Algers, 2003). La producción orgánica
de ganado también ha sido criticada debido a que los animales con
frecuencia están subalimentados e infectados con parásitos, dadas las
restricciones para la administración de antihelmínticos (Vaarst et al., 2000).
Los
hatos lecheros manejados bajo el sistema orgánico podrían tener una
mayor tasa de desechos, debido principalmente a infecciones
intramamarias y a problemas de tipo reproductivo. En este sentido, se ha
visto que la incidencia de mastitis es mayor en establecimientos
orgánicos que en los convencionales (Bennedsgaard et al., 2003).
Otros han observado que la incidencia de mastitis es menor en los
sistemas orgánicos que en los convencionales durante la etapa de
lactación, pero durante el periodo seco, resulta lo contrario (Hovi y
Roderick, 2000).
Estudios realizados en diversos países demostraron que la duración de la vida reproductiva en vacas lecheras fue mayor en granjas orgánicas que en explotaciones tradicionales (Reksen et al., 1999).
En
los sistemas de producción orgánicos, todo el ganado debe ser mantenido
en espacios abiertos durante el periodo de pastoreo, excepto en
aquellos bovinos destinados a la engorda, en los cuales el tiempo de
acabado (finalización del proceso de engorda) es de 3 meses. En
principio, todos los animales deben permanecer en grupos, los sistemas
de sujeción están prohibidos y todo el ganado debe de tener acceso a un
área abierta durante todo el año. Las regulaciones especifican un
espacio mínimo permitido por animal y los becerros se tienen que
mantener en grupo desde la primera semana de edad (von Borell y
Sørensen, 2004).
4. Producción Orgánica de Pequeños Rumiantes
Las
explotaciones de pequeños rumiantes, principalmente caprinos, por lo
general tienen características específicas. Entre éstas están la
utilización de agostaderos o tierras marginadas, prevalencia del sistema
pastoril, un bajo nivel de mecanización, la producción estacional de
queso y la venta de animales jóvenes y hembras de desecho (Ronchi y
Nardone, 2003).
Existe una demanda creciente
por un nuevo modelo de producción en caprinos y ovinos que satisfaga
objetivos múltiples, tales como la eficiencia productiva, el bienestar
animal, el uso correcto del medio ambiente y los recursos no renovables,
así como la calidad y seguridad de los productos que de ellos derivan
(Gibon et al., 1999).
El objetivo
general es garantizar la sostenibilidad del sistema de producción
considerando el impacto medioambiental, la salud de los animales y su
productividad. La disponibilidad de alimento se ha identificado como uno
de los factores más apremiantes para los sistemas de producción en
pequeños rumiantes de la mayoría de las regiones. En muchas áreas
ganaderas el crecimiento de pasto está limitado por la escasez y
distribución irregular de las lluvias durante el año y entre años, así
como las altas temperaturas del verano (Nardone, 2000). Por ello, para
la producción orgánica de ovinos y caprinos resulta fundamental la
elección de un sistema de pastoreo apropiado, basado en el conocimiento
de factores climáticos, suelo y topografía (Ronchi y Nardone, 2003).
Un
modelo posible para la explotación de pequeños rumiantes en condiciones
orgánicas son las granjas mixtas, donde las cosechas y los animales se
consideran como partes integrales de un sistema y no como componentes
diversificados. La combinación de diferentes tipos de cosecha y animales
ofrece una integración sinérgica con una contribución total mayor que
la suma de sus efectos individuales (Devendra, 2003).
En
lo que corresponde a salud y bienestar animal, la infección por
helmintos es una de las principales causas de enfermedad en las granjas
orgánicas de pequeños rumiantes (Roderick et al., 1999). Este problema casi siempre es mas intenso en explotaciones orgánicas que en las convencionales (Cabaret et al., 2002).
En
los sistemas tradicionales de explotación de ovinos y caprinos, la
quimioprofilaxis ha sido una práctica común como estrategia para el
control de enfermedades parasitarias. Sin embargo, el uso frecuente de
este tipo de drogas no es considerada como una medida sostenible. Para
ser considerada como tal, un esquema para el control de parásitos
necesita buscar opciones no quimioterapéuticas como el manejo racional
del pastoreo, el uso de algunos extractos vegetales, uso de tratamientos
homeopáticos, uso de forrajes que contienen componentes especiales
tales como proantocianidinas polifenólicas, desarrollo de vacunas contra
algunos parásitos, control biológico de parásitos (aplicando enemigos
nativos o exóticos de algunos nemátodos) y la resistencia genética a
infecciones por nemátodos (Ronchi y Nardone, 2003).
El
uso de ciertos forrajes puede tener un efecto positivo en el control de
las enfermedades parasitarias, así como en la calidad y el sabor de los
productos. El consumo de forrajes con alto contenido de taninos
condensados, reduce el nivel de parasitosis en animales jóvenes
(Cabaret, 2003).
Dentro del grupo de
alternativas para la quimioprofilaxis, el manejo apropiado de un
pastoreo rotacional puede contribuir a la reducción efectiva del riesgo a
la infección parasitaria, sobre todo en bovinos jóvenes y pequeños
rumiantes.
El control biológico de los
parásitos resulta de la acción de los enemigos naturales de estos
organismos, que contribuye a mantener las poblaciones a niveles bajos.
Existen dos categorías generales de control biológico de parásitos
internos: control biológico natural y control biológico aplicado. El
primero implica el efecto de los enemigos naturales presentes en el
medio ambiente y su impacto en el control de poblaciones de parásitos se
considera bajo. Se han logrado mejores resultados mediante el control
biológico aplicado, que consiste en la introducción de enemigos
naturales exóticos o en el incremento de los enemigos naturales. El uso
de algunos hongos destructores de nemátodos parece ser promisorio
(Waller y Faedo, 1996) y la introducción de enemigos exóticos está
abierta a discusión debido al alto riesgo de perturbación de los
ecosistemas (Ronchi y Nardone, 2003).
5. Calidad de los Productos Orgánicos de Origen Animal
Los
sistemas de producción orgánica están basados en estándares específicos
y precisos. El alimento orgánico se puede definir como el producto
derivado de una granja que evita el uso de fertilizantes sintéticos,
pesticidas, promotores del crecimiento y aditivos (FAO, 2000).
Muchos
de los estudios que se han realizado para comparar la calidad
nutricional de los productos orgánicos con aquellos producidos mediante
métodos tradicionales, han contado con un diseño experimental débil y
eso le ha restado valor a los resultados. Sin embargo, existe una
tendencia en los datos que indica, por ejemplo, un mayor contenido de
ciertos nutrientes en cosechas obtenidas en condiciones orgánicas
(Smith, 1993).
Varios estudios comparativos
se han enfocado a la calidad de la leche proveniente de sistemas
convencionales u orgánicos y no se han constatado diferencias
importantes en términos de composición química del producto entre ambos
sistemas (Kouba, 2003).
Se han llevado a cabo
análisis sensoriales (olor, sabor, terneza, coloración, etc.), para
investigar las diferencias entre alimentos producidos de manera
convencional u orgánica, y en lo general no se han observado diferencias
claras entre ambos sistemas (Conklin y Thompson, 1993). Un estudio
desarrollado por Woodward y Fernández (1999) mostró que los novillos
sometidos a un sistema orgánico de finalización tuvieron un mayor
marmoleo que los manejados convencionalmente durante la misma etapa.
Estudios
llevados a cabo para investigar la presencia relativa de residuos de
pesticidas en alimentos orgánicos han mostrado una menor concentración
en estos que en los producidos de forma convencional, aunque los
primeros no pudieron ser considerados como libres de tales compuestos
(Maruejouls y Goulard, 1999).
Nicholson et al.
(2000) concluyeron que la información existente es insuficiente para
determinar de manera categórica si el riesgo de transferir
microorganismos patógenos difiere entre granjas orgánicas y
convencionales. Se ha demostrado que la ganadería orgánica (rumiantes)
podría reducir el riesgo de infección por cepas de E. Coli
debido a que su dieta se basa principalmente en zacates, heno y
ensilados, en lugar de los granos con alto contenido de almidón
utilizados en los sistemas tradicionales (Couzin, 1998). Sin embargo, en
un trabajo realizado por Sundrum et al. (2000) no se observaron diferencias en la cuenta microbiológica de leche orgánica y la convencional.
Se
ha sugerido que el alimento orgánico es más propenso a contaminarse por
micotoxinas derivadas de mohos que los alimentos convencionales, ya que
los primeros no han sido tratados con agentes químicos para el control
de dichos organismos. Sin embargo, la FAO (2000) reporta que no existe
evidencia de tales hechos. Otros resultados (Woese et al., 1997) han constatado que los niveles de la aflatoxina M1 en la leche orgánica fueron más bajos que en la leche convencional.
6. Discusión
La
población rural de bajos recursos depende de la agricultura y de otras
actividades relacionadas con ella para obtener su sustento. En
consecuencia, para lograr resultados importantes en la reducción de la
pobreza, la inversión nacional y la ayuda externa deberían concentrarse
en las zonas rurales, donde vive la mayoría de la población pobre, y en
la agricultura, que es la base de su supervivencia.
Con
frecuencia se afirma que lo importante para erradicar la pobreza es el
crecimiento económico. Sin embargo, para reducir la pobreza es
igualmente importante preguntar quién se beneficia con este crecimiento.
El
modelo de agricultura convencional adoptado desde la década de los
50´s, se fundamenta en un sistema de producción de alta eficiencia,
dependiente de un alto empleo de insumos sintéticos, donde el manejo de
monocultivos se justifica como herramienta fundamental para lograr la
mayor eficacia del proceso productivo. Sin embargo, este sistema de
producción ha mostrado serios problemas de sostenibilidad y haber
ocasionando no solo la destrucción de los recursos naturales y del
paisaje, sino sobre todo la desaparición de los pequeños productores en
algunas regiones.
Hoy nadie duda que la
alimentación es una de las cuestiones que más preocupan e interesan al
ser humano y que la sociedad demanda una serie de alimentos para cubrir
sus necesidades cada vez más variados, sanos y nutritivos, que
contribuyan a mejorar su calidad de vida. Pero la calidad de los
alimentos que consume la población se encuentra condicionada por su
origen y procedencia; es decir, no todos los alimentos tienen la misma
calidad porque no todos ellos proceden de la misma especie ni se
obtienen de la misma forma.
Es frecuente ver
en la ganadería convencional que la crianza y engorde de animales se
produce en condiciones de confinamiento. Este modelo provoca el
hacinamiento en pequeños espacios y emplea técnicas artificiales tales
como la utilización de anabólicos, antibióticos y sustancias hormonales
para el engorde o la producción de leche de bovino.
Debido
a todos esos factores se ha pensado en otras formas de producción de
alimentos con el objetivo de brindar productos con la máxima calidad
sanitaria, nutritiva y organoléptica, así como en modelos con una forma
integrada en los ecosistemas, manteniendo o aumentando la fertilidad del
suelo, aprovechando racionalmente los recursos renovables y cerrando de
forma natural el ciclo suelo-planta-animal. Sistemas que proporcionen
al ganado las condiciones vitales que le son necesarias para desarrollar
todos los aspectos de su comportamiento innato y formas de producir en
el campo que mantengan la diversidad genética del ecosistema, incluso
protegiendo y desarrollando los hábitats de las plantas y animales
silvestres, y que eviten las formas de contaminación que pueden resultar
de las técnicas agropecuarias.
La ganadería
orgánica no es un procedimiento que resuelve todos los problemas de un
sistema de producción. Es fundamentalmente un método de producción
destinado a un mercado especial, con altos requerimientos en la calidad
con que se procesan los productos. Los sistemas orgánicos están basados
en estándares precisos de producción. Todos los objetivos de la
agricultura orgánica están descritos en los estándares básicos
formulados por la Federación Internacional de Movimientos de Agricultura
Orgánica (IFOAM). Las actividades de la IFOAM son informar al público
sobre la agricultura orgánica, representar el movimiento orgánico en
foros políticos, científicos y económicos, desarrollar y revisar las
normas básicas sobre la agricultura orgánica, asegurar la equivalencia
de programas de certificación a nivel mundial con el Programa de
Acreditación y asistir en el desarrollo de estructuras locales y
regionales (organizaciones, políticas, mercados etc.) para intercambiar
conocimientos y habilidades entre sus miembros.
Una
de las limitantes principales para iniciar la ganadería orgánica es el
proceso de conversión de un sistema de producción convencional a uno
orgánico, debido al desconocimiento de las técnicas principalmente, y a
la falta de organización de los mercados para los productos, además de
la escasa cultura para el consumo de este tipo de alimentos en muchas
regiones del mundo.
Si se realiza un análisis
de la distribución del ganado bovino y caprino en México es evidente
que los bovinos han sido adaptados a una amplia variedad de condiciones.
Las cabras y algunas poblaciones de ganado bovino criollo, en cambio,
están mas concentradas en regiones marginadas del trópico seco y
subtropicales donde el potencial para la agricultura es escaso. La
mayoría de esos sistemas están basados en el uso de agostaderos para una
ganadería extensiva y la utilización de pastizales no fertilizados.
Esas poblaciones de ganado, además de desenvolverse en un medio bajo
condiciones naturales, en raras ocasiones reciben tratamiento con algún
fármaco. Tal es el caso de la ganadería extensiva en algunas zonas
ganaderas del estado de Baja California Sur, donde se reporta que más
del 50% de los ganaderos vacunan al ganado solo de manera esporádica y
nunca realizan desparasitaciones internas o externas (Espinoza et al.,
2005). Bajo esa particularidad, los sistemas de producción extensivos
pudieran tener una posibilidad más cercana de ser convertidos con mayor
facilidad del sistema convencional al sistema de producción orgánica.
Sin embargo, uno de los criterios ineludibles descritos en los
estándares de la ganadería orgánica es el bienestar animal y este sería
un reto a resolver para las condiciones de las áreas mencionadas, debido
a las limitaciones que se tienen de pastura y a la distribución
irregular de las precipitaciones durante el año y entre años, esto
acompañado de temperaturas muy elevadas durante el verano. Tales
condiciones dan lugar a que los animales pasen por periodos de
subnutrición en diferentes etapas de su vida.
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